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Mezquitas y hamburgueserías

por cosalasagunto @ 16/05/2006 - 10:36:49

Mezquitas y hamburgueserías

Federico Echanove

El Mundo- La Gaceta

08.05.2006

Las últimas llegadas de cayucos han vuelto a evidenciar lo que ya sabíamos: que el destino de Canarias está irremediablemente unido al desarrollo del continente en el que estamos inmersos, y que en estos tiempos de globalización el mundo desarrollado no puede establecer barreras a la llegada de quienes sólo quieren mejorar sus condiciones de vida. Y que el verdadero 'efecto llamada' no es otro que la gran desigualdad en las condiciones de vida. Pero no nos engañemos: por llamativas que sean, estas avalanchas sólo constituyen un gran problema humanitario: la inmensa mayor parte de los inmigrantes ilegales que hay en Canarias y en España no han llegado ni en patera ni en cayuco, sino a través de puertos y aeropuertos con visado turístico. Y deshagamos también algunos mitos: la inmigración debe producirse de forma ordenada, pero también es muy necesaria para Europa, cuya población cada día está más envejecida. Y va a ser esa savia nueva que viene del sur la que, con su trabajo, va a pagar nuestras pensiones cuando seamos puretas. Incluso un diario conservador como el ‘Wall Street Journal’ editorializaba hace unos meses sobre la política inmigratoria de la Unión Europea para decir que puede y debe ser más permisiva si quiere hacer frente a su problema demográfico.

Y aunque es verdad que nuestra condición de europeos en Africa merece una atención especial –y tal vez medidas de excepción- para ser preservada, no es menos cierto que tampoco puede ser una excusa para escurrir el bulto o eludir responsabilidades. El caso de los menores -en el que el esfuerzo y la eficacia en la gestión de sus competencias por la Comunidad Autónoma y los Cabildos es manifiestamente mejorable- siempre me parecido sangrante. Y los lloriqueos de algunos políticos archipielágicos tanto por ese asunto como por la exigencia de poner límites a la capacidad acogida de los centros que paga el ministerio del Interior, suelen ser penosos, demagógicos y ridículos. "¿Pero qué culpa tenemos de estar en Africa y ser los primeros que nos toca la avalancha?" se quejaba una vez un alto miembro del Gobierno. Pues, señor mío, asumamos de una vez lo que somos y dónde estamos, con sus ventajas y sus inconvenientes, pero dejémonos de boberías y de discursos que a veces rozan la xenofobia.

Y es precisamente porque todo está en proceso de cambio, y porque quienes amamos estos peñascos del Atlántico querríamos que sigan existiendo con identidad propia cuando ya estemos todos calvos, por lo que algunos creemos que los canarios, con sus instituciones al frente, deberíamos ser los primeros interesados en que se respeten los derechos de pueblos tan cercanos geográficamente como el saharaui. Es justamente porque ante los procesos de globalización en marcha peligra nuestra existencia futura por lo que no deberíamos tolerar las tropelías que en el pasado se han cometido ahí enfrente con el derecho internacional tratando de aniquilar a otros pueblos. Y no tiene por qué ser malo un futuro en el que en una orilla empiecen a proliferar las mezquitas y en la otra las hamburgueserías. Lo que sucede es que, precisamente porque ese proceso es imparable, el respeto a los derechos del pueblo saharaui es una condición necesaria para que en el futuro el noroeste de Africa no sea un ‘totum revolutum’, sino un lugar de paz, convivencia, respeto y enriquecimiento entre culturas.

La ONU de Koffi Annan estuvo a punto de tirar la toalla a fines del mes pasado, en un plan urdido Zapatero y Moratinos con la complacencia del Gobierno de Canarias y del vigoroso lobby promarroquí que en nuestro archipiélago se esparce por partidos políticos, redacciones y organizaciones empresariales: se trataba de desvirtuar la naturaleza del contencioso y convertirlo a los ojos de la opinión pública en un asunto interno de Marruecos. Pero Marruecos no tiene la menor capacidad jurídica para otorgar una autonomía sobre un territorio que, según el Tribunal Internacional de la Haya, nunca le perteneció y para el que la única solución conforme al derecho internacional sigue siendo el ejercicio de la autodeterminación. Y la ONU no va a cambiar el criterio que viene manteniendo desde hace 30 años.

Y resulta paradójico que estos días hayan coincidido en España dos saharauis: Jalihenna Uld Rachid, tratando de vender el proyecto de autonomía marroquí, y Aminetu Haidar, que ya tiene asumido que puede volver otra vez a la cárcel nada más volver a El Aaiun. El primero huyó a Rabat en mayo del 75, meses antes de que España entregara a sus hermanos y hermanas a Marruecos. Allí se arrodilló y rindió pleitesía a un Rey que no era el suyo, y en premio ocupó distintos puestos en la Corte del Sultán y se hizo inmensamente rico mientras otros caían bajo las bombas de fósforo, marchaban al exilio o eran detenidos y torturados. Hay quien incluso dice que tiene la representatividad del Partido de Unión Nacional Saharaui (PUNS), la formación moderada creada por España para contrarrestar al Frente Polisario. Pero incluso eso es falso: Tal como cuenta Tomás Bárbulo en Historia Secreta del Sáhara Español, el PUNS no se disolvió hasta el 14 de noviembre cuando, ante la invasión marroquí, sus dirigentes de buena fe recomendaron a sus militantes que se unieran al POLISARIO. El contraste entre la trayectoria vital de Jalihenna y la heroica y pacífica lucha de Aminetu en favor de su pueblo es el mismo que hay entre las causas que uno y otra defienden. Porque, por mucho que algunos se empeñen, conceptos como justicia o dignidad nunca cambian.



 
 

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